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Iintegración latinoamericana: en el ejemplo de la ALBA”

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IADEG E282

Seminario ISRI 2010

 “Colaboración, complementación y desarrollo sostenible en la integración latinoamericana:  en el ejemplo de la ALBA” 
                                             Dr. Jorge Casals Llano* Dr. Rubén Muñiz Griñán*

 La idea de unidad en lo que hoy llamamos América Latina nace junto con la independencia de España; sin embargo, no es hasta bien adentrado el siglo XX cuando la necesidad de la unidad latinoamericana comienza a imponerse, y los intentos de integración, principalmente comercial, se multiplican. El último decenio del anterior siglo, globalización y libre comercio mediante, aceleró los procesos integracionistas de corte comercial; de ellos, el más exitoso, considerando la integración en su acepción más oficialista u ortodoxa, resultó ser el Mercosur.
Pero a pesar de que puede considerarse que existe consenso acerca de que la integración económica en la región es una necesidad insoslayable, y de que sobre la integración se han escrito decenas de miles de cuartillas en todas las latitudes de la región, no se ha teorizado suficientemente sobre la integración que fuera propuesta1por el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías, en la III Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Asociación de Estados del Caribe, celebrada en la isla de Margarita, el 11 y 12 diciembre de 2001 y que fuera oficialmente iniciada con la “Declaración conjunta y Acuerdo entre el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela y el Presidente del Consejo de Estado de Cuba, para la aplicación de la Alternativa Bolivariana para las Américas” (1)

Tampoco ha existido voluntad política suficiente para reconocer la que denominamos integración necesaria (2) , que incluye aspectos esenciales de ésta como: a) hoy para la región la integración es condición de desarrollo; b) que un proceso de integración debe ser producto de la voluntad política de los estados involucrados, basados en un amplio consenso de su necesidad a nivel nacional; c) que este desarrollo promovido por la integración debe ser, además, sostenible –en el sentido de que puede mantenerse por sí mismo, sin ayuda exterior ni merma de los recursos medioambientales existentes –y sustentable, o lo que es lo mismo, que puede conservarse, sostenerse y desarrollarse; d) que los procesos integracionistas deben privilegiar los aspectos sociales sin perder la perspectiva marxista de que “el derecho no puede sobrepasar la base económica que la sustenta”; e) que los mecanismos institucionales y jurídicos de un proceso de integración deben estar en estrecha consonancia dialéctica de forma-contenido con su realidad, y atemperarse, gradual y continuamente, a las fases de su desarrollo; f) que la integración debe reconocer los derechos de los pueblos originarios; g) que la integración no puede concebirse al margen de las economías más débiles, las que deben participar del proceso recibiendo un trato especial y diferenciado; y por último, pero no por ello menos importante; h) que la necesaria integración en Latinoamérica solo podrá alcanzarse en tenaz lucha contra las ansias imperiales de los EEUU. Hoy para la región la integración es condición de desarrollo. Por supuesto que, estrictamente, tal afirmación debería comenzar por discutir –y definir –la categoría de marras. Ello sobrepasa, sin embargo, los límites del presente trabajo por lo que aquí y a manera de aproximación incompleta se parte de la acepción más generalizada, que identifica al desarrollo con el incremento de los niveles de vida. Así entonces, en el mundo globalizado –regionalizado de hoy, la integración necesaria es condición de desarrollo en tanto que, como lo ha demostrado la vida misma, el desarrollo latinoamericano no es alcanzable copiando acríticamente el proceso que en el viejo continente condujo a la creación de la Unión Europea, ni tampoco partiendo de los proyectos hegemónicos ideados en Washington, de fuerte corte neoliberal, que sustentan como modelo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), concretado en la propuesta del ALCA en 1994 y en los TLCs pergeñados a partir del mismo. Se trata de que condición de desarrollo sólo puede ser un proceso integracionista que vaya mucho más allá de lo meramente económico, que se inserte en la regionalización de la política y la economía mundiales y que sea propiciador de un nuevo orden mundial –y regional –que considere los intereses de todos los habitantes del mundo y la región. Lo anterior implica, en lo económico, la diversificación de los socios comerciales en particular y económicos en general; un mayor aprovechamiento de las economías de escala que contribuya a la ampliación y ajuste de los mercados –nacional y mundial –y una menor vulnerabilidad económica, especialmente la relacionada con los factores externos. También un mayor poder de negociación de la región con el resto del mundo, mayor capacidad de atracción de recursos del exterior –y de reinversión de las utilidades obtenidas por los inversionistas extranjeros –, inversión y reinversión que deberán estar en función del desarrollo nacional. Todo lo anterior, además, puesto en función de los mercados internos, la potenciación de la demanda y la estabilidad de los flujos financieros externos, y condicionado a las necesidades de los países integrados.
Esta integración necesaria, condición de desarrollo, debe considerar, además de los referidos aspectos, al menos otros no menos importantes como: la eliminación de la pobreza extrema y la pobreza; la paulatina eliminación de las desigualdades y asimetrías entre los países, lo que implica la eliminación de las condiciones inequitativas en las relaciones internacionales en general y en las comerciales en particular; aliviar y/o eliminar el peso de la deuda externa y excluir a la región de las reglas impuestas por los organismos internacionales que hacen inviable la aplicación de políticas nacionales en función del desarrollo; eliminar los obstáculos para el acceso a la información, al  conocimiento y a la tecnología; construir sistemas democráticos y participativos sin interferencias externas y a partir de las particularidades nacionales, y fortalecer el papel de los Estados nacionales en la conducción de la vida de los países, sin injerencia de fuerzas perturbadoras externas. Las precondiciones reseñadas hasta el momento, así como otras no consideradas hasta aquí, requieren evidentemente de una voluntad política reflejada en un actuar consecuente y sólido entre los estados partes de un verdadero proceso de integración. Lo anterior implica que la política de integración y su concreción en determinados esquemas y decisiones dejen de asumir una característica coyuntural, determinada por el color de aquellos grupos y partidos políticos que ostenten la representatividad gubernamental en un determinado período, para convertirse en una verdadera política de estado. La conversión de la integración en la ALBA a una política de estado implica más allá de una continuidad histórica de las fuerzas políticas actualmente en el poder en cada uno de sus estados miembros, lograr el arraigo –entre las masas populares, la intelectualidad y todos los sectores progresistas –de su necesidad conveniencia y viabilidad para avanzar en la senda del desarrollo y la independencia nacional. En otras palabras, se hace necesario que la integración se convierta al interior de los estados, más allá de una consigna política de las fuerzas populares actualmente al frente de la sociedad, en una verdadera conciencia social generalizada de su necesidad, conveniencia y viabilidad.
La transformación de la integración a una verdadera política de estado motivada por una conciencia predominante y generalizada en el seno de cada una de las sociedades de los países que la integran, encontraría su reflejo en los aspectos institucionales internos correspondientes; en particular, en las constituciones nacionales 3) así como en la definición de sus planes nacionales de desarrollo económico y social, en sus documentos programáticos de política exterior y sus compromisos internacionales, y en las competencias de sus órganos , entre otros. Desde luego que el paso hacía una política de estado de la participación en el proceso integrador es por naturaleza gradual y no exento de dificultades e incomprensiones. Dicho proceso deberá efectuarse en sincronía con el avance institucional del propio proceso integrador, en una suerte de interrelación dialéctica en que los dos factores van armonizando sus presupuestos internos a nivel de cada país con los avances que el modelo, desde el punto de vista institucional, va alcanzando. Precisamente, el aspecto institucional de la integración de la ALBA ha sido objeto de críticas y consideraciones tanto por sus detractores, que llegan a negarle toda existencia, hasta por otros estudiosos fervientes partidarios de la integración quienes propugnan la conveniencia para la ALBA de asumir formas institucionales acabadas y hasta mencionan la posibilidad y conveniencia de sentar aceleradamente las bases de un derecho comunitario de la ALBA a la mayor celeridad. Consideramos que ninguna de las posiciones son aceptables.
Si bien es cierto que la ALBA carece de un texto legal constitutivo, presupuesto de cualquier organización internacional y mucho más de una organización de integración, ello no implica que no sólo como concepto sino como realidad ante todo política se pueda rechazar o ignorar su existencia como elemento factual, que incide en las relaciones de todo tipo entre los estados que la integran y en su interacción con otras fuerzas políticas del continente. Se trata, por tanto, de una realidad carente de la forma que la invista en tanto que organización y que se encuentra en proceso de conformación tanto a lo interno como a lo externo, existe como realidad y aunque de naturaleza jurídicamente irregular es tomada en cuenta en particular por aquellos que la integran.4 Las razones que hasta el presente le ha impedido a la ALBA establecer un tratado constitutivo, son de naturaleza política y se enmarca en el contexto de la lucha que libran los gobiernos que la integran con la reacción interna en sus países, las indefiniciones que la coyuntura internacional extiende sobre las políticas de sus estados miembros y la coexistencia de diferentes proyectos de integración, consulta política y otras modalidades de cooperación internacional que coexisten en América Latina y el Caribe, entre otras. A mediano y largo plazos tales indefiniciones se irán sobrepasando y se dará lugar a los presupuestos para la conformación de un andamiaje institucional más estructurado apropiado a los fines políticos y de otra índole bien definidos por sus integrantes a partir del consenso de sus voluntades. Sólo queda aquí añadir, que las formas que asuma este carácter institucional no son posibles de prever en detalle de forma apriorística. En el mismo sentido, sí aún esta realidad política no ha adquirido forma institucional en la actualidad, resultaría totalmente prematuro el querer avanzar en formas y formulaciones legales, que no se correspondan a la realidad histórica en que se encuentra este proceso de integración. Los hechos preceden al derecho, este sencillo apotegma es totalmente válido al analizar las formas institucionales y jurídicas de los procesos de integración, del cual la ALBA no es una excepción aún cuando se trate de un nuevo tipo de integración. Desde un punto de vista histórico, la experiencia europea lo demuestra. Las primeras instituciones y normas comunitarias europeas estuvieron relacionadas con el objeto que se pretendía regular desde la primera de ellas: la comunidad del Carbón y el Acero. De ellas y su contenido sólo ha supervivido hasta nuestros días y tras sufrir múltiples y profundas metamorfosis el concepto supranacional de la Comisión y la competencia tripartita de los órganos de dicha Comunidad. Sólo mucho después y en la medida en que se perfilaban en la práctica, nuevas necesidades y objetivos fueron creándose: las instituciones y lo que hoy se conoce como Derecho comunitario europeo, el que aún es sometido a continuas críticas, revisiones y desarrollo, tanto a nivel institucional como normativo.
Los intentos de transpolar metafísicamente las instituciones y el derecho comunitario europeo a otras condiciones históricas, políticas y económicas han estado y estarán condenados a un rotundo  fracaso. El caso más evidente de esta extrapolación se encuentra en el Sistema de Integración Centroaméricano, (SICA) el que a pesar de una depurada técnica institucional y su adhesión proclamada a un llamado Derecho comunitario, las condiciones objetivas han impedido su desarrollo.
Se hace evidente hasta lo aquí reseñado que lo que se requiere es abandonar tanto las “teorías” como las políticas económicas en ellas sustentadas que han prevalecido históricamente en la región, basadas, todas ellas, en la supeditación a un supuesto “libre mercado” –como condición necesaria y suficiente –para alcanzar el desarrollo económico. Tales políticas, como lo demuestra la realidad latinoamericana5, en lugar de propiciar condiciones infraestructurales, educativas, productivas, micro y macro económicas y de soberanía e independencia, han clavado los clavos de la dependencia del estancamiento y de la vulnerabilidad a los avatares de las economías de los centros de poder mundial –principalmente de la de los EEUU –y, más recientemente, a los de la economía globalizada.
La integración necesaria debe entonces partir de la reevaluación de los intentos de inserción en la economía globalizada –impuestos de la mano del neoliberalismo y el “consenso de Washington” –juntamente con la revalorización de los vínculos intrarregionales; debe propiciar el abandono de las políticas pro cíclicas (monetarias y fiscales) y de promoción de exportaciones de manufacturas –a partir de la maquila –que supuestamente debían disminuir la vulnerabilidad externa; debe, en fin, retomar el manejo de la política económica y ponerla en función del crecimiento: El SUCRE (6), el Banco del ALBA7 y los proyectos y empresas grannacionales8 son pasos en el ya demasiado largo camino de la unidad latinoamericana. Tales presupuestos no nos pueden llevar a hacer una abstracción ideal del mundo en que vivimos y de las relaciones capitalistas aun dominantes que en él prevalecen. Ellas afectan a todos y a cada uno de nuestros estados, ignorarlas implicaría alejarnos de la realidad y repercutiría negativamente en nuestros objetivos.
En este contexto, el Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP)9, con una definición como la de la nota, debe implicar, no obstante, un comercio “justo”, de nuevo tipo, pero en el que “el mercado” –a pesar de todas sus falencias –no puede dejar de ser referencia. Ello es así porque conceptos tales como “solidaridad”, “transferencia tecnológica” y “aprovechamiento de las ventajas de cada país” deben ser de alguna manera “medidos” –por muy imperfecta que sea la “unidad de medida” –a los efectos de garantizar la “reciprocidad”.
Similar tratamiento debe recibir el “trato especial y diferenciado” a los países de “menor desarrollo relativo”. Se trata de que lo que tipifica a los lo países integrantes de la ALBA10 –además, por supuesto, de la voluntad de integrarse –es el subdesarrollo y las grandes desigualdades entre ellos11. Estas desigualdades –dada su diversidad cualitativa –da pié a una verdadera complementariedad y a la posibilidad de, recíprocamente, conjugar las debilidades y fortalezas, las falencias y excedentes de los diferentes estados miembro, lo que implica la posibilidad de la generalización del trato “justo y equitativo” para todos y cada uno. Las referidas desigualdades tienen que ver con la extensión territorial (Bolivia – San Vicente y las Granadinas) y la población (Venezuela – Antigua y Barbuda); otras, de mayor relevancia, están relacionadas con los montos de las reservas de divisas, con los niveles de desarrollo económico expresados en el Producto Interno Bruto, o con el ingreso per cápita (aunque el mismo ni con mucho muestre la verdadera capacidad económica de cada país) a lo que habría que agregar, como en el resto de Latinoamérica, que las cifras no reflejan la peor distribución del ingreso del mundo que, como admiten los organismos internacionales, existe en la región. Las desigualdades se manifiestan, también, en las diferentes dotaciones de factores (desde los energéticos hasta los humanos), en el trato que reciben los países de sus antiguas metrópolis, en los lazos que los atan a los EEUU y a los restantes centros de poder mundial. En lo referente a la complementariedad, habría que agregar –y aquí si resultaría útil apelar a la teoría ortodoxa de la integración –que no basta con que los diferentes países produzcan diferentes mercancías para que ello se traduzca en un flujo comercial importante, sino que, además, debe existir un mercado lo suficientemente desarrollado en los demás países para los productos de cada uno. Aquí, si como es el caso de los países caribeños, algunos de ellos pequeñas islas, carecen de mercados para la producción autóctona, difícil será que estos mercados puedan absorber mercancías producidas en los países de la región.
Ya en términos de competitividad, es perfectamente coherente con la realidad económica que aquellos países que cuentan con mercados más amplios hayan desarrollado empresas de mayor tamaño y consecuentemente con el aprovechamiento de las economías de escala, sean más eficientes. Ello haría que estas empresas –y los países donde están radicadas –puedan aprovecharse con mayor ventaja del mercado ampliado por la integración. Con ello se produce una amenaza palpable de una aun mayor concentración de la actividad productiva en aquellos países que ya previamente alcanzaron un mayor desarrollo, en desmedro de los países de menor desarrollo. Ninguno de los referidos aspectos debe ser ignorado en el trato “especial y diferenciado”.  El desarrollo al que nos referimos deberá estar integrado a la naturaleza. Tal integración, sin embargo, deberá enfrentarse, juntamente con los problemas derivados del cambio climático, al menos a dos tendencias contradictorias: la primera relacionada con la necesidad de seguir utilizando los combustibles fósiles disponibles en la región –para su utilización directa y/o como fuente de financiamiento –lo que por supuesto implica el aumento de la contaminación; también la de continuar utilizando la tecnología instalada y aun realizar nuevas inversiones con la tecnología disponible, proveniente del mundo desarrollado, la que, como regla, es también altamente contaminante.
La segunda relacionada con las condiciones de la ALBA, en la que los gobiernos de los Estados que la integran –hasta el momento actores principales de la integración –tienen ya o pueden alcanzar la voluntad política necesaria para hacer que el desarrollo perseguido sea “amigable” con el ambiente. Es así cómo la ALBA otorga ya importancia crucial a la defensa del medio ambiente, y considera, por ejemplo, a la actividad agrícola como fundamental y mucho más que simple producción de mercancías. Se parte para ello de que la misma es la base para preservar opciones culturales, forma de ocupación del territorio, define modalidades de relación con la naturaleza y tiene que ver directamente con la seguridad y autosuficiencia alimentaria. El punto de partida es que para muchos de los pueblos originarios que habitan en los países incorporados a esta propuesta de integración diferente, la agricultura es un modo de vida por lo que no puede ser tratada como cualquier otra actividad económica12. Estrechamente vinculado a la concepción sobre la agricultura, se encuentra la necesidad de privilegiar los aspectos sociales en las políticas de los Estados nacionales, a lo cual contribuye de manera efectiva la cooperación internacional, la que debe ser entendida como acción conjunta, deliberada y sin condicionamientos, de un estado o grupo de estados soberanos, que no se rige por condiciones de mercado y cuyo objetivo es el progreso y el desarrollo sustentable del (los) país(es) beneficiario(s). Se trata de que esta cooperación, al propio tiempo que responde al carácter profundamente humanista de la integración necesaria, debe estar dirigida a “pagar” la deuda social contraída con los pueblos del continente consecuencia de la aplicación de políticas liberales y neoliberales. Se incluye aquí la insuficiencia mayor que han presentado los procesos de integración regionales que en la región han sido, relacionada, tanto en el pasado como en el presente, con la carencia de una real y verdadera dimensión social del proceso. Obviamente, la responsabilidad por la difícil y precaria situación social por la que atraviesa la región no puede ser atribuida a los procesos de integración, aunque no es menos cierto, sin embargo, que los esquemas que se han intentado, tradicionalmente, han adolecido de iniciativas o éstas han sido insuficientes para potenciar esta importante dimensión.
Al propio tiempo, deberá tenerse presente que ninguna política económica puede dejar de dirigir el gasto público y el crédito, fundamentalmente, hacia la esfera productiva. Sólo ella puede generar la oferta necesaria para satisfacer la demanda de bienes y servicios y evitar las presiones sobre los precios y las tensiones en el sector externo; sólo ella puede generar los bienes y servicios requeridos para mejorar la calidad de vida de los pueblos latinoamericanos.
Pero la integración necesaria debe realizarse, además, en contraposición a las ansias hegemónicas de los EEUU sobre lo que tradicionalmente han considerado su traspatio. Las ya mas que bicentenarias ansias expansionistas de la nación del norte han sido refrendadas por la historia; así las resume el líder de nuestra revolución, el Comandante en jefe Fidel Castro: “A lo largo de los siglos XIX y XX, es decir, durante casi 200 años después de la independencia formal de la América Ibérica, nada cambió en esencia. Estados Unidos, a partir de las 13 colonias inglesas que se rebelaron, se expandió hacia el Oeste y el Sur. Compró Luisiana y Florida, le arrebató más de la mitad de su territorio a México, intervino en Centroamérica y se apoderó del área del futuro Canal de Panamá, que uniría los grandes océanos al Este y el Oeste del continente por el punto donde Bolívar deseaba crear la capital de la mayor de las repúblicas que nacería de la independencia de las naciones de América” 13
Ya en el Siglo XXI “… no sabemos qué hacer con la civilización alcanzada. El ser humano se ha equipado con armas nucleares de inconcebible certeza y aniquiladora potencia, mientras desde el punto de vista moral y político, ha retrocedido bochornosamente. Política y socialmente, estamos más subdesarrollados que nunca. Los autómatas están sustituyendo a los soldados, los medios masivos a los educadores, y los gobiernos empiezan a ser sobrepasados por los acontecimientos sin saber qué hacer…”14 Lo anterior encuentra su reflejo en las respuestas dadas por los gobiernos de los más poderosos países del mundo a la crisis global actual, generada por el capitalismo dilapidador y el modelo norteamericano que fuera considerado único y valedero15; entre tales respuestas, y aún antes de la explosión de la crisis, había comenzado a producirse, dentro de la globalización, el fenómeno que se dio en llamar “desglobalización” o “regionalización de la globalización”, definida principalmente a partir de los intentos de ampliación –o creación en caso de que no existieran –de grandes “espacios económicos” nucleados a partir de los principales centros de poder mundial.
En el contexto anteriormente descrito –y al margen de la discusión que consideramos bizantina acerca de si América Latina es o no prioridad para la política exterior de los Estados Unidos, no podemos dejar de coincidir con el Dr. Luis Suárez cuando afirma que: “Aunque algunos especialistas consideran (y no sin razón) que, sobre todo, después del inicio de las guerras “contra el terrorismo” en Afganistán y en Irak, las relaciones con las naciones del hemisferio occidental han perdido relevancia para la Casa Blanca, soy del criterio que, en la persistente y bicentenaria percepción geopolítica y geoeconómica del establishment de la política exterior, de defensa y de seguridad de esa potencia imperialista, las naciones situadas al sur del río Bravo y de la península de la Florida siguen siendo visualizadas –en las palabras de los redactores de los Documentos de Santa Fe –como “el escudo y la espada para la proyección del poder global de los Estados Unidos”16. Por ello mismo, la política exterior de los EEUU –al margen de cual sea el grupo de poder coyunturalmente predominante en ese país y de cual sea el partido en el gobierno –estará dirigida contra todo intento de los países latinoamericanos y caribeños de alcanzar su soberanía e independencia. Y como es la ALBA el más lúcido y preclaro intento de lo que hemos denominado la integración necesaria, los EEUU utilizarán contra el mismo todo su arsenal político y propagandístico –utilizando “la ignorancia, las mentiras y los reflejos condicionados sembrados en la opinión mundial a través del monopolio de los medios de comunicación masiva, incluidas las redes principales de Internet” 17

*Dr. en Ciencias Económicas y Dr. en Ciencias Jurídicas respectivamente, Profesores Titulares del Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García”

Notas:
1    Que puede resumirse en las palabras del Presidente Chávez: “Un nuevo concepto de integración que no es nada nuevo, se trata de retraer o de traer nuevamente un sueño que creemos posible, se trata de otro camino, se trata de una búsqueda, porque ciertamente la integración para nosotros es vital: o nos unimos o nos hundimos. Escojamos pues las alternativas". Publicado en: www.alianzaboliavriana.org
 2   Para los autores la integración necesaria es la que lleva a la unidad latinoamericana pues, como señala el destacado revolucionario bolivariano Alí Rodríguez Araque: “De allí que la integración sea un problema incluso de vida o muerte también para cualquier proceso revolucionario en cualquiera de nuestros países y más que la integración es la unión. De allí que este problema desborde ampliamente la frontera nacional y no sea un problema puramente nacional, es un problema internacional…” en “La transición hacia el socialismo” Publicado en: www.psuv.org.ve
3 Las nuevas constituciones de Venezuela, Bolivia y Ecuador se manifiestan a favor de los procesos de integración de una manera bastante definida. La de Cuba contiene sólo preceptos generales, para sólo citar algunos casos.
4 Se pudiera ¨mutatis mutandi¨ hacer un símil de esta peculiar situación que presenta la ALBA en cuanto a su conformación formal con la llamada ¨sociedad irregular¨ en el derecho de sociedades.
5 En la 51 reunión de accionistas del BID celebrada en Cancún en marzo de este propio año, Luis Alberto Moreno, su presidente, señaló entre otras muchas desgracias que: “será imposible lograr el desarrollo si muchos tienen poco y pocos tienen mucho”; “la pobreza afecta a casi un tercio de los latinoamericanos y caribeños”; “es necesario arrancar de las garras de la pobreza a 200 millones de latinoamericanos y caribeños”; “hoy, 46 millones de niñas y niños no tienen acceso a la educación temprana”… Según: “La Jornada”, 23 de marzo de 2010.   
6 Sistema Único de Compensación Regional (SUCRE), unidad contable adoptada en 2009 por los miembros de la Alba para el intercambio de bienes y servicios y un primer paso hacia una moneda común.   
7 Con un capital autorizado de 2000 mm, fue constituido para financiar programas y proyectos dirigidos a promover el desarrollo económico en sectores claves de la economía de los países del ALBA; a impulsar el desarrollo social; fortalecer la expansión y conexión de infraestructura; apalancar las empresas binacionales, grannacionales o cualquier otra modalidad de organización asociativa que promueva inversiones de interés mutuo; promover, crear y administrar fondos de financiamiento; poveer recursos para asistencia técnica, estudios de preinversión, investigación y desarrollo, transferencia y absorción de tecnología, entre otros objetivos básicos. 
 8 Concebidos para realizar los proyectos económico - sociales de la integración. Abarcan los aspectos políticos, económicos, financieros, científicos, sociales, culturales y cualesquiera otros que contribuyan a la unión de los países de la ALBA.  
 9 “Son tratados de intercambio de bienes y servicios para satisfacer las necesidades de los pueblos. Se sustentan en los principios de solidaridad, reciprocidad, transferencia tecnológica, aprovechamiento de las ventajas de cada país, ahorro de recursos e incluyen convenios crediticios para facilitar los pagos y cobros”. Según: www.alianzabolivariana.org         
10 Integrada actualmente por Antigua y Barbuda, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Venezuela, San Vicente y las Granadinas, Dominica y Bolivia.        
11 Lo que es válido para el resto de los países de América Latina y el Caribe
12 Tomado de: http://www.alternativabolivariana.org/.
13 Reflexiones de Fidel: “La Revolución Bolivariana y las Antillas” en: www.cubadebate.cu   
14 Idem 
 15 En este modelo: “La Reserva Federal de Estados Unidos emite a su antojo las divisas convertibles que costean las guerras de conquista, las ganancias del Complejo Militar Industrial, las bases militares distribuidas por el mundo y las grandes inversiones con las que las transnacionales controlan la economía en muchos países del mundo. Nixon suspendió unilateralmente la conversión del dólar en oro, mientras en las bóvedas de los bancos de Nueva York se guardan siete mil toneladas de oro, algo más del 25% de las reservas mundiales de ese metal, cifra que al final de la Segunda Guerra Mundial superaba el 80%. Se argumenta que la deuda pública sobrepasa los 10 millones de millones de dólares, lo cual supera el 70% de su PIB, como una carga que se transfiere a las nuevas generaciones. Eso se afirma cuando en realidad es la economía mundial la que costea esa deuda con los enormes gastos en bienes y servicios que aporta para adquirir dólares norteamericanos, con los cuales las grandes transnacionales de ese país se han apoderado de una parte considerable de las riquezas del mundo, y sostienen la sociedad de consumo de esa nación”. Reflexiones de Fidel: “La reforma sanitaria de Estados Unidos” en: www.cubadebate.cu
16 Dr. Sc. Luis Suárez Salazar : “Hacia un nuevo paradigma para la integración multinacional latinoamericana: un enfoque desde la prospectiva crítica y participativa”, en versión digital en los archivos de los autores.
 17 Reflexiones de Fidel: “La reforma sanitaria de Estados  Unidos” en: www.cubadebate.cu     

Última actualización el Lunes, 11 de Julio de 2011 14:21